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PARADOJA
Valentín Amaro
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Valentín Amaro

Valentín Amaro, (Gaspar Hernández, República Dominicana (1969). De profesión Administrador de Empresas. Lee y hace poesía como un asunto de extrema necesidad. Es miembro del Taller Literario César Vallejo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, del Círculo Literario El Aleph y del Taller de Corte y Corrección que dirige el escritor argentino Marcelo di Marco. Obtuvo una mención especial en los I  y II Juegos Literarios del Aleph.com de Argentina. Escribe para el Periódico Primicias la columna "Apuntes del insomnio". Poemas y artículos suyos han sido publicados en revistas y periódicos de su país. Los textos que aquí se presentan son parte de un poemario inédito que será publicado en los primeros meses del 2005

Su correo electrónico es  valeamaroal@yahoo.es

 

A D Á N

                       “En esta noche muerta que se clava en mi ánimo”
                                                          Miguel Antonio Jiménez


Verdinegra, alborotada, ansiosa, la noche
jugando su ronda de fantasmas
de mi sangre me levanto
y quiero andar y decir y gritar mi canto

Desnudo, soy el otro Adán
en las cenizas buscándome

Y no quiero multiplicar
mi sangre agitada
las manos mutiladas del temblor
mis grises ojeras
la innegable manía de mis pies cansados
el triste jadeo de ser hombre
y en la frente el indescifrable número
que me apega a las sombras

Desnudo, soy el otro Adán
en las cenizas buscándome….



Urgencias


Me urge se levanta un hijo
la cara un sol ardiente
trueno y relámpago su ira

Ojos de Emmanuel,
las aguas conoce
de los vientos se ríe
y del ansioso trajín de hombrecillos descalzos

Ha llegado solo
para estar ahí en mis sueños
en mi manía inefable
de los designios morder

Libre vuela al viento suelto,
de mis mitos a pesar
de la fría hojarasca que llevo
y la epidermis triste y cansada
de estos días de barro

Me urge se levanta un hijo…



A solas


El miedo
—pájaro en acecho—
me abraza al silencio

Estoy solo
las preguntas de los siglos
a cuestas
como viejo asilado
que da vueltas y vueltas

¿Qué espero?
¿Qué invento?
¿y qué de mi andar desnudo entre las paredes desnudas de la casa?
¿y qué de esta lucha con espectros silentes de la noche?




Delirando
 

Un hombre,
—molesta náusea de siempre—

viejo sombrero olvidado
caja abandonada y vacía
mueca de un payaso jubilado

Asilado porque sí
muerde su lengua
gruñe solo
blasfema en cada oquedad perdida

Grita su oscuridad
embiste las frías paredes

Se cae
cree levantarse
y no puede

Se sabe perdido
no responden sus dioses de la tierra
los jerarcas de su insomnio
delira, agoniza, muere

Afuera hay fiesta alborotada
y cantan los gallos…



En vigilia


Cruza la noche un búho
la soledad arropa el valle

Allá,
una sombra inquieta cruje

Y aquí yo
piedra rodante en la ladera
espantapájaros que anhela el cielo
perro hambriento que lame
una estatua húmeda

Visibles
mis ojeras
el fango de mis pies cansados
y el lúgubre bostezo de mis horas



Gritos del aeda


“Preguntas y sólo responde tu casa,
el leve apogeo de tu sangre...”

Ana Enriqueta Terán

Una soledad de humo y tiempo
un mutismo de horas infinitas

Y otra vez
un aeda desvistiéndose de sus máscaras
lengua de polvo de un vidente errante
en el siniestro exilio de su canto primero

Pero aún,
en esta garganta cansada
el grito ardiente de sus voces
las palabras pendientes
reclamando el rezo y el canto

Otra vez
el sonámbulo andar de la parda agonía
de saberse vivo
con el mensaje a cuestas
y la prisa de las horas
insistentes, oblicuas
cayendo



La estatua de sal


El hombre
—una casa viva y vacía—
un silencio pesado
como el mundo

Y en el insomnio
cargado de horas
las preguntas punzantes:

¿Qué hacer cuando la máscara se cae?
¿Qué hacer,
con las frías palabras, los inventos
las frases embarradas de estiércol?

Y aún más:
¿Qué hacer con el fétido aliento de las horas muertas?




Visión de escriba

                   Mi mirada es oblicua
                          juguetea cuando menstrúa de negro la tarde
                                               Pastor de Moya


Ancha, apretada la madeja
una hormiga se pierde
grita sin comprender su misterio
su cara de sol en la moneda

Del otro lado
unos sueños abismándose
en la noche del frío asfalto
y en las visiones mojadas de alcohol

Sedientas aletean sus ansias
las moscas de harapos
lejos, maúlla un gato

La noche
es dispersa en su humus
en la ansiedad de su azar
y en su vapor de sangre
azufre y muerte